lunes, 15 de diciembre de 2014

¿Por qué regalamos tan mal? + los mejores anuncios

¡Buenos días a todos otra vez! Hoy es una de esas entradas que escribo sabiendo como empiezo pero no como acabo, porque no tengo ni idea de lo que va a salir de aquí jajajaja. El caso es que el otro día leí un artículo muy interesante basado en numerosos estudios que al final llevan a una misma realidad: regalamos mal. Así, sin rodeos. Parece que dar con el regalo perfecto nos preocupa, y mucho. No hay casi nada más desalentador que el hecho de entregar a una persona tu paquetito perfectamente envuelto, con ilusión (en gran parte de los casos) y ver que el que lo recibe lo abre, sonríe forzadamente y exige el ticket para cambiarlo. Acertar con nuestras compras navideñas no siempre es fácil, de hecho, es en muchos casos muy difícil (incluso demasiado).
Según numerosas definiciones, el hecho de regalar se trata de una experiencia social, cultural y económica que fortalece relaciones sociales y se convierte en un gesto que expresa sentimientos y afectos (sí, bastantes rodeos para expresar algo que todos sabemos perfectamente lo que es). El caso es que ahora nos da por hacer regalos con más valor sentimental, lo que va ligado a estar varios días (o incluso semanas) pensando en el regalo en cuestión, o en otras palabras, jodidos. Pero esto lo explico más adelante.
En 1993 nació el deadweight loss of Christmas (pérdida de eficiencia de las navidades). Acuñado por Joel Waldfogel, (resumiendo) este término hace referencia al hecho de que con una misma cantidad de dinero, es más probable que el que regala compre algo que guste menos al que lo recibe que si se hubiera ido de compras él mismo (si tenéis tiempo y ganas para leer el estudio en inglés, podéis haerlo clickando aquí, aunque lo veo bastante poco probable jajajaja). El caso es que aunque esto parece obvio, este fenómeno nace ante la forma de ver el acto de regalar desde una perspectiva económica. Aunque no se tiene en cuenta que el comprador no será el consumidor final, por lo que existe una notable diferencia entre el coste realdel regalo y la forma en que el que lo recibe lo percibe.
Otro reciente estudio publicado en Journal of Consumer Research (página web inglesa) indaga en el papel del que regala, y dice lo siguente: "Los regalos pueden servir para reforzar vínculos entre el que regala y el que recibe, y pueden servir como una forma natural de establecer y mantener el orden de un grupo social. Los regalos pueden involucrar la expectación ante la reciprocidad y pueden, a veces, ser expresiones egoístas de amor y afecto. Dar regalos crea vínculos sociales intensos. En un intento de mejorar los vínculos sociales, los que dan regalos suelen optar por dar el regalo que más gusta al que lo recibe, y para ello piensan en cómo los van a recibir".


El problema es que hay una gran diferencia en la manera de percibir este hecho entre la persona que regala y la que recibe el regalo. Otro estudio (ya os dije que había muchos ;) determina que los que reciben regalos preferirían que se les diera exactamente lo que han pedido, en lugar de algo que se cree que va a ser más personal. Según este mismo estudio, el que regala no debería fijarse tanto en el precio ni el valor sentimental.  Es decir, en resumen: somos malos regaladores porque pensamos demasiado en cómo va a recibir el otro el regalo. Y nunca mejor dicho. Creemos que encontrará perfecto nuestro regalo, cuando en realidad lo que quieren es algo práctico. Parece que al final hay que dejar los sentimientos al margen a la hora de regalar y prestar más caso a la funcionalidad. Parece. Porque al fin y al cabo, cada persona es un mundo y le gustan unas cosas. Por ejemplo, a mí personalmente me gusta que me regalen las cosas que pido, pero me gustan más aún las sorpresas, saber que alguien ha estado pensando en ti. Y creo que a todos nos gusta alguna sorpresilla de vez en cuando ;)
El caso es que, estaréis de acuerdo conmigo, que hay personas muy muy difíciles de regalar. De esto que coges el papel del amigo invisible, lo abres, ves la persona, y es como: y qué hago yo ahora. En esos momentos es cuando piensas lo bueno que sería que existiese una app en la cual todo el mundo pudiera colgar su lista de reyes o de lo que sea para poder verla, y no tener que estar dándole al coco. Porque amigos, dar sorpresas a veces es realmente difícil. Pero otras es realmente fácil, así que se compensa. El caso es que aunque sea por el tiempo que ha empleado esa persona en pensar qué comprarte, comprarlo, envolverlo (que desde que la mayoría de las tiendas no lo hacen hay que sacar tiempo); cuando te lo den se pone buena cara, sonríes y das las gracias. Aunque sea el regalo más feo del mundo y el que menos tiene que ver contigo. Aunque lo vayas a meter en el fondo del cajón y se vaya a quedar ahí para el resto de sus días. Aunque sea ese jersey feísimo que viste en H&M y dijiste "nunca me lo pondría ". Aun así. Porque el tiempo... es el tiempo. Y lo que seguramente te quiera esa persona, también lo merece.
Por último, os dejo una selección una selección de anuncios que se están emitiendo en estas fechas y que, por una cosa o por otra, me encantan. Ya sean las graciosísimas indirectas del niño de El Corte Inglés o la emotiva "otra carta" de Ikea; pasando por el emotivo anuncio de la lotería. Espero que os gusten.

Y por último os dejo dos anuncios ingleses que nos pusieron en clase el otro día, y que creo que son geniales. Y que, aunque no entendáis nada, deberíais verlos. Fenómenos para ser unos anuncios, y muy emotivos. Juzgad vosotros mismos:
Espero que os haya gustado y nosotros nos leemos pronto,

Pd: La primera parte de este post está inspirada en otro que he leído, porque me ha parecido bastante interesante. El resto es todo mío y la forma de contarlo también. Lo digo por si acaso para evitar problemas, aunque no creo que pasara nada, pero es mejor prevenir que curar;)








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